El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro (izq.) y el líder cruceño, Luis Fernando Camacho.

Por Tulio Ribeiro

El racismo, la hostilidad y la ambición en la historia muchas veces utilizaron argumentos cristianos, manipulados por grupos o individuos. En esta construcción utilizan motivaciones dentro del discurso para justificar sus acciones.

Es cuando el plomo, discursos y la Biblia se unen para golpear mortalmente a las víctimas de esta retórica.

Ya sea en la masacre de San Bartolomé en 1572, que inició la violencia a través de la multitud católica romana contra los hugonotes (protestantes calvinistas franceses), con la justificación de que estaban conspirando para reemplazar a la monarquía francesa, o las cruces del Ku Klux Klan quemadas desde 1915 para asustar a los enemigos e imponer “respeto por Jesucristo”. La religión se utiliza como autorización para matar.

El Ku Klux Klan, que luchó contra las medidas implementadas por los vencedores de la guerra civil (los estados del norte) para acabar con la esclavitud, defendió la supremacía blanca sobre negros y judíos y comenzó a actuar en 1865 en Estados Unidos. El grupo fue responsable de muchas de las torturas y linchamientos en el país. Explícitamente cristiano, basó sus creencias en un nuevo “fundamento religioso”. Los objetivos eran “restaurar los valores cristianos protestantes en América por todos los medios posibles”.

Los grupos sectarios están presentes en el mundo contemporáneo, como el “Ejército de Dios”, que quemó clínicas de aborto en los EEUU, en 1981, o personas antiaborto, como Scott Roeder, que asesinó al médico de Wichita, George Tiller, en mayo de 2009.

Otras fuentes muestran que los movimientos extremistas nos han visitado muchas veces en la historia, como los movimientos de cristianos ortodoxos que participaron en la masacre de Bucarest y asesinatos en los años treinta; o incluso el Ejército de Resistencia del Señor, en Uganda, que ha cometido numerosos crímenes contra la humanidad, incluyendo masacres, secuestros, mutilaciones, torturas, violaciones y trabajo infantil forzado militar, incluida la esclavitud sexual. Sus líderes se llaman a sí mismos voceros de Dios.

En realidad, nunca lo fueron, pero utilizan dogmas para ejemplificar el terrorismo político religioso de carácter racista cercano al terrorismo moderno. La búsqueda es poder político.

“No estoy con armas, viajo con mi fe y esperanza; con una Biblia en la mano y tu carta de renuncia en la mano”.

Así, el abogado Luis Camacho nos remite a otros tiempos y lugares, el fundamentalismo religioso, ahora en el continente sudamericano. En 2019 fue el actor principal en el derrocamiento del reelegido presidente de Bolivia Evo Morales, quien definió la conducta del empresario de la siguiente manera:

“Usan la Biblia, usan a Jesucristo, para hacer patear a las hermanas en Santa Cruz, hacen arrodillar a hombres y mujeres. Causa bronca cómo usan la Biblia, la oración, los rezos, para discriminar a los más humildes.”

Efectivamente, el exlíder del Movimiento Cívico pro Santa Cruz tomó una cruz en su mano izquierda, pero por otro lado los recursos extranjeros llenaron sus cajones. Son los denominados Papeles de Panamá, basados en la creación de tres empresas (Medis Overseas Corp., Navi International Holding y Positive Real Estates) que sirven para ayudar a personas y empresas a esconder sus fortunas, incluido el blanqueo de capitales.

El adinerado del Grupo Empresarial de Inversiones Nacional Vida S.A. representa a estos nuevos líderes de derecha que reflejan el ascenso de Jair Bolsonaro en Brasil y prometen “devolver la cruz al Palacio de Gobierno”. De hecho, los caminos de estos dos no coincidieron.

En mayo de 2019, ya en plena campaña contra la candidatura a la reelección de Morales, Camacho fue a Brasilia y se reunió con el canciller Ernesto Araújo, a instancias del presidente brasileño. Sería difícil hacer factible el golpe sin la ayuda de recursos y armas de Brasil y Argentina, con la participación de los ganaderos brasileños residentes en Santa Cruz. Una verdad que pronto se contará en la historia.

Camacho, al derrocar la democracia boliviana, habló de Dios y presentó un año infernal a sus conciudadanos. Colocó la Biblia en el Palacio Quemado, mientras que parte de las fuerzas militares bien pagadas permanecieron intencionalmente pasivas en el cuartel. Al mismo tiempo Camacho generó violencia en el país y, al igual que con la expresidenta Jeanine Añez, es responsable de numerosas muertes. Prometió hacer que la gente lea el libro sagrado, pero sus oraciones en realidad traen consigo un objetivo racista de asentar a los pueblos bolivianos originales.

“La Biblia está volviendo a Palacio de Gobierno. Nunca más volverá la Pachamama. Hoy cristo está volviendo a Palacio de Gobierno. Bolivia es para Cristo”.

Este conjunto de hechos demuestra que Luis Camacho, a pesar de perder las elecciones presidenciales de 2020, es un personaje que no duda en nombre de Dios, generar tantas muertes necesarias para llegar a un poder que lo beneficie.

Aunque el tribunal aceptó el caso en su contra en diciembre, lo cierto es que logró inscribir una nueva candidatura para el gobierno de su provincia.

Luis Fernando Camacho al ser proclamado oficialmente, en la noche del 22 de diciembre, candidato a gobernador de Santa Cruz para las elecciones subnacionales de 2021, aclara que el pasado y el futuro están unidos en su práctica. En su discurso se presentan declaraciones de referencia a la provincia, pero es del país del que intenta apropiarse, “Necesito marchar a una Bolivia federal”, confiesa.

“Ésta es una nueva lucha, porque la autonomía se ha truncado, limitado y vamos a acabar con ella, porque necesitamos consolidar un mandato (…), porque necesitamos una Bolivia federal y éste es el proyecto de Santa Cruz, éste es el proyecto que dará Santa Cruz a Bolivia.

Es interesante resaltar aquí que, al narrar los 21 días de movilización que culminaron con la renuncia de Evo Morales a la presidencia, se olvida de las vidas que cayeron por su acción. “Estas personas no tienen miedo, pero tienen esperanza y quieren hacer realidad un sueño y yo quiero una Santa Cruz con jóvenes y mujeres que puedan hacer realidad este sueño”.

Buscando el poder, apuesta estratégicamente por un proceso autónomo que pueda abrir nuevos pasos a su ambición. “Sabemos que la autonomía se trata de unir y no de dividir. Lo que queremos es autonomía para que nuestro sistema de desarrollo productivo siga desarrollándose y creciendo”, dijo.

“Ha llegado el momento de que Santa Cruz se levante nuevamente y necesitamos recuperar esa fuerza que marca el camino del pueblo cruceño. Hoy sólo quiero pedirles que se unan a mí en esta cruzada”, dijo.

Ante la histórica derrota de noviembre, incluso después de un golpe de Estado aplicado por su campo político, pidió a Santa Cruz su compromiso de ganar las elecciones subnacionales. “Ahora no podemos perder, ahora ganaremos y demostraremos que Santa Cruz sigue aquí”, recalcó.

Camacho repite una retórica común y superficial entre los aventureros, de no ser un político tradicional, que habría ingresado a la política en un momento decisivo, como afirma, un llamado, sin explicar por quién.”Yo nunca vine de la arena política, pero tuvimos que entrar porque el momento lo justificó y lo hicimos (…). El centralismo nos truncó y la falta de firmeza no pudo estar a la altura de nuestra historia, pero vamos a cumplir ese sueño”.

“Queremos defender nuestra tierra, nuestro entorno y recuperar esa esencia clara del proceso de autonomía que nos ha quitado el centralismo, tenemos que recuperar ese sentimiento de lucha y aquí están estos hombres que están apostando por este proyecto y no defraudaremos la confianza que depositaron en mi persona”, dijo Camacho.

Recurriendo a la búsqueda de una autonomía que en la práctica dividiría al país en su propia causa, Camacho indicó que primero buscará el objetivo de “construir y recuperar” la autonomía y eso significa dejar el proceso centralizador para luego avanzar hacia el federalismo. “Vamos a recuperar nuestro proceso autónomo, se lo debemos al pueblo de Santa Cruz”.

Aún copiando al mentor Jair Bolsonaro, Donald Trump o al comediante y presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky informa que hay vientos de renovación, de cambio para mejor, sin recordar que toda su historia y familia estuvo ligada a la generación de pobreza que golpeó la dignidad humana de los bolivianos desde décadas pasadas.

Jair Bolsonaro era un diputado sin importancia, vivió durante 30 años en el poder de varios gobiernos, aunque no fue protagonista. Camacho sigue el mismo camino buscando su momento para alcanzar la posición más grande de la nación. Como en Brasil, que no condenó los excesos de algunos militares durante su dictadura (1964-1985), permitiéndoles así formar el actual gobierno con más de seis mil en el cargo, el final puede ser similar en Bolivia.

Como dice Stefani Pace, “el neofundamentalismo ya no es un movimiento religioso de carácter estrictamente teológico, sino un movimiento políticamente articulado y comprometido, algo que los primeros fundamentalistas no imaginaron (…) es la reacción políticamente articulada y comprometida contra la supuesta pérdida de valores de la sociedad estadounidense y contra la degeneración de la democracia, manchada por la laxa tolerancia a la inmoralidad, por el debilitamiento del papel tradicional de la familia y por tantas ‘herejías civiles’ que se han extendido” (Pace; Stefani, 2002, pág.35 / 36).

La pregunta que surge para los votantes bolivianos en marzo no es una elección entre izquierda y derecha, o estructuralista y neoliberal. Es el futuro entre el fundamentalismo y el terrorismo cristiano o la democracia. Lo relevante es evitar, votando en las subnacionales, que renazcan esqueletos políticos sin pagar las muertes y pérdidas de la nación, porque según narra la historia las mismas ideas tiránicas regresan en otros personajes.

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