Paz para decidir”. Ese fue el nombre que le puso el periódico Bolivia a la sección electoral que está orientada a informar sobre el desarrollo de las campañas y las ofertas de los candidatos a la presidencia. A estas alturas, este nombre se convierte en un pedido de urgencia, pues el ciudadano necesita tranquilidad y certidumbre para sortear este complejo momento.

La misión en Bolivia de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos documentó desde el 6 de septiembre 27 acciones violentas en contra de Comunidad Ciudadana, Creemos, el FPV y MAS en Cochabamba, Santa Cruz, Chuquisaca, La Paz, Oruro y Potosí. Este clima de tensiones ha recrudecido a pesar de los insistentes llamados.

Por eso, la Unión Europea, la Conferencia Episcopal Boliviana y Naciones Unidas emitieron recientemente una nueva declaración para resaltar el proceso electoral en curso que se da en “un contexto de avances importantes en la institucionalidad democrática; pero, a la vez, con un clima de tensión y confrontación política que no le hace bien a la sociedad boliviana”.

Estas instituciones, que jugaron un papel clave en los procesos de facilitación del diálogo desde cuando se intentó consolidar el fraude electoral de 2019, también valoraron positivamente el rescate de los debates como un instrumento de la democracia. La posibilidad de confrontar ideas, más allá de los cálculos políticos coyunturales, es algo que el ciudadano debe buscar. El lado opuesto es la presión violenta, las tácticas del miedo y las amenazas de inviabilizar todo.

Los observadores internacionales no han emitido ninguna opinión que ponga en duda la veracidad del proceso electoral. Solo saltan las dudas expresadas por el MAS, que vienen de la mano de una estrategia y una velada amenaza de más conflictos. El partido de Evo Morales, responsable de tantas salidas violentas, ensaya una estrategia tenebrosa para pedir el voto. ¿Merece esto la democracia del país?

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ratificó esta semana una política de “puertas abiertas”. La información de todo el proceso ha sido adecuadamente canalizada a través de los medios, siendo este un gran esfuerzo que se traduce en la transparencia. Las facilidades del libre acceso a la información son diametralmente opuestas a lo que ocurrió el año pasado.

Pero, mire usted, estimado lector: mientras el MAS trata de imponer el “fraude” para movilizar a sus allegados, el ciudadano ha respondido de manera positiva cuando fue nombrado jurado y ya existe una campaña virtuosa en redes sociales para promover el voto. La sociedad boliviana es altamente democrática y, a pesar de la pandemia, acudirá a emitir su voto.

“Constatamos con preocupación que, pese a estos avances importantes del proceso electoral boliviano, nos encontremos con actitudes de confrontación política y de una creciente violencia entre las distintas representaciones políticas y contra los medios de comunicación”, señala el comunicado de los organismos internacionales y de la Iglesia.

En ese marco, llamaron a los actores políticos, en especial a los candidatos y a sus militantes, para que contribuyan al clima de paz y tolerancia que debe primar en este momento tan crucial e histórico para la vida democrática del país. Con la violencia no se logrará solucionar los grandes retos y desafíos que tiene la democracia boliviana. La capacidad de diálogo y concertación deberá ser el instrumento primordial para que, en un ambiente de unidad y respeto, se puedan resolver los temas de conflictividad y superar la polarización política.

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