Diego Massi – Ciudadano que votó

El problema radica en no entender que el OTRO, a pesar de pensar diferente, tiene los mismos derechos y obligaciones que UNO mismo.
Nos enseñaron que el OTRO es el ajeno, que no es como UNO porque tiene otra cultura, porque habla distinto, cree en otras deidades, se viste diferente, tiene otro color de piel, otra ideología u otra identidad.

En Bolivia hace muchos años decidimos que las diferencias políticas con el OTRO no se dirimen a los golpes, decidimos que se soluciona en el campo democrático.

Nos enseñaron que en cualquier juego los participantes aceptamos las reglas y los árbitros que nosotros mismos impusimos. Nos enseñaron que finalmente hay un ganador y un perdedor. Se trata de una contienda en la que siempre OTRO ocupará uno de esos espacios, y debemos aceptarlo, seamos el UNO o el OTRO.

Hoy los bolivianos elegimos a un presidente por mayoría absoluta y la culpa no es del OTRO o de los jueces. La responsabilidad de ganar o perder es de UNO mismo, se debe al no haber convencido al OTRO de seguir nuestras propuestas.

Este juego electoral, por ahora, ha terminado y lo que queda es aceptar el resultado, volver a casa con el triunfo o la derrota. Volver a pensar en lo que se hizo mal o bien, volver a entender por qué el OTRO tuvo éxito o perdió y por qué las ideas que UNO creía correctas representan a las minorías o mayorías.

Si te tocó perder, no puedes alborotar a tus seguidores y desconocer el juego, lo que te queda es agarrar del cogote a tu jefe de campaña y a tus asesores políticos, pedirles que te expliquen por qué no leyeron bien las encuestas y por qué te mostraron solo números bonitos.

Pregúntales ¿por qué fracasaron? No se necesita una encuesta para encontrar algunas respuestas, quizás puedo sugerirles la primera y más importantes: perdieron porque no respetaron al OTRO, porque durante 14 años la mayor parte de las críticas al OTRO fueron de carácter racista, ataques virulentos que, en lugar de deteriorar la imagen política del OTRO, terminaron ofendiendo a la mayor parte de la población que se identifica con el OTRO, aquel que comparte los mismos orígenes y desigualdades.

Sí, el OTRO ganó y hay que respetarlo.

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