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La azarosa historia y el análisis arquitectónico del principal monumento religioso de la ciudad son expuestos por el investigador Cristian Mariaca, uno de los responsables de la muestra tesoros de una catedral, instalada hasta el 24 de abril en Artespacio CAF.

La Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de La Paz constituye una valiosa herencia arquitectónica del pasado, un monumento representativo de una determinada sociedad que reflejó una suma integral de hechos históricos que subyacen y coexistieron en paralelo a una ideología, forma de vida política y económica. El proceso edilicio del templo supuso la participación de diferentes protagonistas en diferentes períodos históricos con un dinamismo complejo por la cantidad de propuestas de diseño y una coyuntura política inconstante que causó la profusión de diferentes escuelas arquitectónicas en su construcción. La historia del monumento no fue inerte y su trama puede estructurarse en cinco hitos fundamentales, a partir de las propuestas de catedrales y sus destacados autores.

La Iglesia Matriz de La Paz, que precedió a la actual catedral, fue edificada en 1558 por impulso del corregidor Juan Antonio de Ulloa,  y se le asignó un lugar privilegiado en el centro neurálgico del plan hipodámico, la Plaza de Armas. La iglesia estaba constituida por tres naves, seis capillas laterales y un altar mayor, un sagrario para el Santísimo, camarín para la virgen, coro capitular y un atrio del templo (1). En el altar se exponía la escultura de Nuestra Señora de La Paz del siglo XVI, obra del escultor español Jerónimo Hernández de Estrada (1540–1586) y enviada por el Rey de España Felipe II. 

Es en 1605, cuando fue erigida la diócesis de La Paz, que la Iglesia Matriz se constituyó en Catedral, aunque aún inconclusa. En 1610 el arquitecto Alonso de Larrea proyectó la imagen definitiva para este templo. Mediante el impulso económico del obispo, de origen español, de Asturias, Juan Queipo de Llano y Valdéz D., se logró avanzar con la obra catedralicia el 8 de septiembre de 1684. La iniciativa desencadenó dinámicas económicas concretas para avanzar con la labor; por la existencia de una carta de 1685, se sabe que el obispo Queipo de Llano solicitó 30 mil pesos a los encomenderos e indios para concluir con la obra. Desafortunadamente, en 1795 el obispo Alejandro José Ochoa evidenció problemas estructurales relevantes en la antigua Catedral, principalmente en el presbiterio y la sacristía. Tras varios esfuerzos para subsanar los problemas, en 1826 se decidió demolerla con trabajos que durarían hasta 1831.

Paralelamente al nacimiento de la República de Bolivia, con una visión independentista, se desarrollaron varias obras a escala monumental para la urbe con una correlación política. Entre 1833 y 1834 se adoptaron dinámicas económicas específicas basadas en decretos supremos con el fin de llevar a cabo la construcción de la Catedral. Mediante la ley del 17 de febrero de 1834 se destinó 30 mil pesos mediante la creación de impuestos a la importación y exportación de la cascarilla, cacao del exterior, mulas y caballos de Argentina, licores, harina de trigo, harina de moco y haciendas (Ministerio de Estado del Despacho General Sección de Hacienda, 1834).   

El arquitecto Franciscano, de origen español, de Les Voltes, Manuel Sanahuja (4 de diciembre de 1755–1834), sería el responsable de llevar a cabo muchas de las obras de este período como el  Cementerio General de La Paz (1831), la Catedral Matriz de Potosí (1809) y la cúpula de la Iglesia de la Merced (1832–1834)  (2). Una característica fundamental en la obra del franciscano recoleto Sanahuja es un marcado estilo, fruto del estudio de modelos arquitectónicos de Cataluña y Tarragona en España, donde vivió, del tratado Regola delli cinque ordini d’architettura de Giacomo Barozzi da Vignola y Los Diez libros de Arquitectura de M. Vitruvio Pollionis. El proyecto catedralicio que presentó el Fray Sanahuja para la Catedral paceña se constituye por una planta de cruz latina, tres naves, crucero bajo la cúpula, altares, torres de dos cuerpos más un chapitel. En esencia, el proyecto evidencia las mismas características que la Catedral Matriz de Potosí a otra escala, salvo el perfil mixtilíneo del frontispicio.

En 1840 el ingeniero militar Philippe Bertrés (Francia, 1786–Argentina, 1856) continuó el proyecto de Sanahuja, aunque bajo su dirección se hicieron cambios notables. En la planta propuesta, Bertrés aumentó dos naves más, por tanto, una central, dos procesionales y en los extremos —las añadidas —dos naves para las capillas laterales. Entre 1942 y 1947, bajo el gobierno de José Ballivián y Segurola, el destacado ingeniero fue nombrado director de la Catedral, aunque años antes ya dirigía la obra como lo evidencia un plano de frontispicio de 1840.

La obra de la Catedral se desarrolló hasta 1857, año en que la obra quedó paralizada debido a la falta de fondos públicos. Posteriormente, en 1871, bajo la presidencia de Mariano Melgarejo, la cripta de 2000 metros cuadrados fue enterrada para servir como una caballeriza militar.

Es en 1883 que el obispo Juan de Dios Bosque y Aniceto Arce decidieron impulsar la construcción de la Catedral mediante la creación de una estructura interna llamada Junta Impulsora, conformada por vecinos notables. Debido a la pérdida de los planos de Sanahuja y Bertrés, en febrero del año siguiente, el obispo Bosque viajó a Roma para ponerse en contacto con el Papa León XIII, quien lo contactó con el arquitecto de la santa sede, Conde Francisco Vespignani (3) .

El 30 de abril de 2019, los investigadores Roberto Boceta y Cristian Mariaca encontramos los planos de Francisco Vespignani de 1890, que estaban perdidos. El conde envió dos propuestas, diferenciadas principalmente por el primer cuerpo, un proyecto basado en lo construido y otro sin tomar en cuenta lo preexistente. Las dos propuestas catedralicias comparten el mismo diseño de torres, siendo evidente la desestimación del proyecto de Sanahuja y Bertrés. El Conde Vespignani cambió radicalmente en escala y diseño la catedral, proyectó los interiores con mármoles y frescos con motivos religiosos que, en conjunto, denotan un estilo neoclásico italianizante con cierta inclinación hacia el barroco. Las torres que presenta se constituyen por la tripartición ya mencionada: el basamento tiene cuatro roleos en las aristas; para el segundo cuerpo, que es el campanario, adopta el orden corintio, un vano con un arco de medio punto y un frontón tipo doublé; la coronación tiene tres elementos: parapeto, el reloj y el chapitel.

La arquitectura tiene la cualidad de reflejar el propósito subyacente del autor, fruto de pasos consecutivos históricos de influencias estilísticas que respondieron a manifestaciones culturales, cambios sociales, económicos, políticos o tecnológicos. Por lo tanto, un edificio puede ser sujeto de análisis y lectura de una significación intrínseca del monumento en el acto creativo. En ese sentido, la arquitectura fue una herramienta por parte del arquitecto y del político para que un monumento pondere un poder gubernamental. Frecuentemente, el ideal estético clásico desarrollado por Winckelmann para el neoclásico y propio del estilo imperante del siglo XVIII, o como él concebía ese mundo de serenidad, sabiduría o sophrosyne (4), fue utilizado como recurso para evidenciar deliberadamente el poder hecho tangible, con el rescate de la escala y proporción monumental clásica.

Los avatares de La Guerra Federal, en 1899, y el traslado de la capitalía a La Paz significaron una necesidad de monumentalizar el centro de poder. En consecuencia, esta fractura política, por varios factores, impulsó la continuación edilicia de la Catedral de La Paz.

El arquitecto de origen suizo Antonio Camponovo (Madricio, 1853–Buenos Aires, 1938) fue el encargado de monumentalizar el centro de poder. Camponovo releva la dirección de la obra el 18 de mayo de 1900, cargo asignado por el Ministerio de Gobierno. Debido a la incompatibilidad del proyecto de Vespignani con los cimientos preexistentes, cambió el diseño que había proyectado el Conde, pero con muchas similitudes. Camponovo tomó como guía la anterior propuesta: La cúpula mantiene muchas similitudes, en las torres propone cuatro cuerpos más una coronación con un cupulín, es también de base cuadrada y los cuatro cuerpos tienen en las aristas columnas con orden corintio.

Tras el retiro del arquitecto Camponovo en 1914 por un viaje a Buenos Aires, para atender la salud de uno de sus familiares, la obra quedó sin director hasta 1917.

Ernesto Benedicto Esteban Vespignani (8 de septiembre de 1861, Lugo–4 de febrero de 1925, Buenos Aires) —no guarda parentesco con Francisco Vespignani— estudió dibujo en Italia en el Real Istituto di belle arti di Modena, por recomendación de Don Bosco. Bajo el imperativo de evangelizar la Patagonia en Argentina, Don Bosco envió sacerdotes para tal fin: José Vespignani (1854–1932), hermano de Ernesto, viaja en 1877 con la tercera expedición de Salesianos a la Argentina, Ernesto siguió sus pasos y en 1900 se trasladó a Buenos Aires, donde convalidó sus estudios de arquitectura titulándose el 30 se septiembre de 1905 de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires (5). Él es autor de una cantidad significativa de templos importantes en toda Sudamérica y recibió premios destacados a nivel internacional: un premio en la Exposición Industrial del Centenario (1910); Medalla de oro en el Primer Congreso Panamericano de Arquitectos en Montevideo (1920);  Medalla de Oro en el Segundo Congreso Panamericano de arquitectos en Santiago de Chile (1923)  (6).

Entre 1917 y 1925, E. Vespignani dirigió desde Buenos Aires el desarrollo edilicio de la Catedral. En mayo de 1922 construyó con piedra comanche los arcos torales, y en 1923 la realización de las bóvedas de las naves, basados en los planos de Camponovo, cambiando, sin embargo, el diseño de las torres. Tras una visita del autor al Archivo Salesiano de Buenos Aires, en julio de 2019, se logró determinar la procedencia del proyecto de Ernesto Vespignani, que se pensaba erróneamente que era del Conde Francisco Vespignani. El proyecto de torres guarda la escala y los cuatro cuerpos que Camponovo había proyectado y es más complejo que todas las propuestas anteriores: tiene en el primer cuerpo una planta en cruz y los siguientes cuerpos se constituyen cimentados en una planta octogonal.

La Guerra del Chaco, en 1932, significó la suspensión de la construcción de las torres debido a que era una obra de Estado y su proceso dependía de impuestos y prestaciones de bancos.

A mediados del siglo XX, el arquitecto boliviano Mario del Carpio tuvo una visión antagónica ante el estilo racionalista imperante de su tiempo. Una característica fundamental en su obra es la vuelta al pasado en el diseño, como evidencian sus trabajos: el uso de elementos clásicos, neocoloniales y Art Deco. En el curriculum vitae, presentado por Mario del Carpio al Arzobispado, figura como director de obras públicas municipales de la Alcaldía de La Paz y jefe del Departamento de Normalización del Ministerio de Obras Públicas. En su posición llevó a cabo obras importantes para La Paz como La Capilla del Cementerio General (1943), la Capilla del Montículo (1944) y la Biblioteca Municipal Mariscal Andrés de Santa Cruz (1943).

En su dirección, del Carpio rechazó las propuestas de torres presentadas por los anteriores arquitectos, considerándolas sin escala y mal resueltas: 

“Señor Presidente: no sé si de buena fe o con deseo de inmovilizar una vez más la conclusión de esta obra se ha publicado como panacea arquitectónica un proyecto de fachada del Arquitecto Antonio Camponovo, donde se ve dos torres de seis pisos ú ordenes, más un cupulín de remate. Este desmesurado proyecto no fue considerado por la Junta en el año 1900, porque ya en ese tiempo fue desestimado por ser aberrante. Igual criterio tuvo la Junta con otro proyecto, también de seis pisos, más un florón de remate, presentado por el Padre Ernesto Vespignani en 1924. Son absurdos estos dos trabajos”. (Mario del Carpio, 1978).   

A Mario del Carpio le tomó varios años, desde 1956 hasta 1977, y cuatro diseños prueba antes de presentar el diseño definitivo. Es evidente que adoptó detalles y características de propuestas de sus antecesores, principalmente detalles del basamento y segundo cuerpo de la torre de Francesco Vespignani. Su propuesta, en definitiva, está constituida por una tripartición: basamento, segundo cuerpo con columnas de Orden Corintio, un cupulín de cobre como coronación, semejante a la cúpula; en los planos de detalle de Mario del Carpio combinó el hormigón para el fin estructural con la piedra granito como revestimiento. En el imperativo de terminar la obra para 1988, para la visita de Juan Pablo II, la empresa constructora COMTECO ejecutó las torres enteramente de hormigón. 

No obstante las dificultades vencidas, la construcción de la Catedral está aún inconclusa. No se llegó a hacer las bóvedas de la cripta, algunos interiores, ornamentos de los exteriores y tampoco la parte que da a la Calle Potosí.

 

Notas:  1. Chuquimia, M., Riskowsky, N., Rossibassinger, D. (1998). La Catedral “Nuestra Señora de La Paz”. La Paz: Universidad Católica Boliviana. 2.  Gisbert, T. Mesa. J., «Manuel Sanahuja» en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. (en red, http://dbe.rah.es/). 3.  Zalles, E. (1932). IV. Segundo periodo de la obra. En Zalles, E. (1Ed), La Nueva Catedral de La Paz. La Paz, Bolivia: América. p.5.  4. Definición de serenidad y sabiduría de Johann Winckelmann en su libro Historia del Arte de la Antigüedad del XVIII.  5.  Vanzani M. (2010). Basílica María Auxiliadora y San Carlos. Buenos Aires, Argentina: Instituto Salesiano de Artes Gráficas. 6.  Archivo Salesiano de Buenos Aires.

Bibliografía básica: I. Archivo del Arzobispado de La Paz.  II. Archivo Salesiano de Buenos Aires. III. Camponovo, A. (1900). La Catedral de La Paz. Documentos relativos al trabajo de la obra, producido con motivo de las observaciones del Ingeniero Arquitecto Nacional, encargado de la dirección técnica de las Obras de Estado. La Paz, Bolivia: El Nacional. IV. Chuquimia, M., Riskowsky, N., Rossibassinger, D. (1998). La Catedral “Nuestra Señora de La Paz”. La Paz: Universidad Católica Boliviana. V. Gisbert, T. Mesa. J., «Manuel Sanahuja» en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico. (http://dbe.rah.es/biografias/49038/manuel-sanahuja. VI. Vanzani M. (2010). Basílica María Auxiliadora y San Carlos. Buenos Aires, Argentina: Instituto Salesiano de Artes Gráficas. VII. Viñola. Tratado de los cinco Órdenes de la arquitectura. (1Ed), París: Casa editorial Garnier Hermanos. VIII.  Zalles, E. (1932). IV. Segundo periodo de la obra. La Nueva Catedral de La Paz. La Paz, Bolivia: América

Cristian Mariaca Cardona

Arquitecto e investigador del Departamento Histórico de la Arquidiócesis de La Paz y Vicepresidente del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio CICOP-Bolivia

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