Mujeres bailando saya afroboliviana.

La saya es una expresión cultural, y política de la comunidad afroboliviana, nacida en Los Yungas de Bolivia, uno de los lugares donde se establecieron las comunidades africanas tras el proceso de esclavización. Este ritmo llevó a la comunidad afrodescendiente a visibilizarse en nuestro país.

Para conocer más de éste proceso de reivindicación, conozcamos la historia de Mónica Rey Gutiérrez,  activista, educadora y política afroboliviana, quien ayudó a que los afrobolivianos fueran reconocidos como una categoría étnica en Bolivia.

Mónica Rey nació en el Municipio de Coroico, Yungas, la región donde vive la mayor cantidad de población afroboliviana.

Mónica a sus 11 años migra a la ciudad de La Paz, para cursar sus estudios en el Colegio Ave María siendo así la primera  mujer afroboliviana en graduarse y obtener un diploma de bachillerato. Continuó su educación en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) donde se graduó en comunicación social en 1997.

Mónica Rey (primera izquierda) renunció a su cargo de parlamentaria el pasado mes de enero,
asegurando que cumplió con el período constitucional.

Su tesis de grado, «La Saya como medio de comunicación y expresión cultural en la comunidad Afroboliviana», fue su primer trabajo ahondando en la población afroboliviana del país, en entrevistas con líderes comunitarios, Rey descubrió que miembros de las comunidades Yungas aún tenían canciones y rituales en lenguas africanas. La tesis evaluó la importancia de la saya, baile típico de los afrobolivianos, confirmando que esta forma artística hacía parte de su legado cultural.  

La carrera política de la que fue diputada nacional en la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, se remonta a las cosechas de coca y café, donde su interacción con la comunidad la llevó a ser la promotora, junto con otros jóvenes, del baile de la Saya. 

Asimismo, la exparlamentaria, asegura que para la población afro “la saya” siempre ha sido un medio de comunicación, una forma de expresar sus sentimientos, sus emociones. Los primeros afros traídos a Bolivia llegaron sin sus pertenencias, pero trajeron consigo los ritmos africanos y no dejaron de transmitirlos.

“Irrumpimos las calles de la ciudad con nuestros tambores, que lograron multiplicar nuestras voces de reclamo, de protesta; exigiendo el reconocimiento de nuestro pueblo. Las letras de las canciones relatan cómo vivimos, de dónde venimos, qué demandamos”, precisa Rey.


Mónica cuenta que, hasta hace 30 años, la sociedad boliviana ignoraba la existencia de la población afro dentro del país, y preguntaban asombrados: “¿pero ustedes de dónde son? ¿son de aquí? ¿son de Brasil, de Colombia?”.

Las preguntas, recuerda, cesaron cuando la comunidad afroboliviana recurrió a la Saya como escenario para dar a conocer su existencia, sus demandas y sus derechos, los cuales finalmente fueron escuchados en el 2009, cuando la nueva Constitución Política del Estado incorporó y reconoció a los afrobolivianos como uno de los 36 pueblos indígenas que integran el Estado Plurinacional de Bolivia.

“Irrumpimos las calles de la ciudad con nuestros tambores, que lograron multiplicar nuestras voces de reclamo, de protesta, exigiendo el reconocimiento de nuestro pueblo. Las letras de las canciones relatan cómo vivimos, de dónde venimos, qué demandamos”, asegura Rey.

En Bolivia la población afro asciende a 25 mil habitantes y es considerado el sexto pueblo con mayor cantidad de población según el CENSO de 2012. El 23 de septiembre se celebra en el país el Día Nacional del Pueblo y la Cultura Afroboliviana.


“Los afrobolivianos hemos vivido una secuencia de racismo y discriminación que hasta nos olvidamos cuál ha sido el más duro. Porque desde que naces, vas al colegio y en realidad tu vida cotidiana está plagada de discriminación”, remarca.

Mónica Rey renunció a su cargo de parlamentaria el pasado mes de enero, asegurando que cumplió con el período constitucional, luego que la presidenta Jeanine Áñez, promulgara la ley que amplía el mandato del Gobierno transitorio y del Legislativo hasta el juramento de las autoridades de ambos poderes que sean elegidas en las próximas elecciones.

(Elaborado con información de ONU Mujeres)

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