Gonzalo Rojas Ortuste – Politólogo

Los resultados no oficiales conocidos al final del mismo día de las elecciones entregaron un sorprendente escenario: el binomio del Movimiento Al Socialismo (MAS) con mayoría absoluta y algo más del 30% del principal competidor, la alianza Comunidad Ciudadana (CC) que encabeza Carlos Mesa.

No era novedad la fortaleza del MAS ni las dificultades de crecer de CC, que pese a su notable desempeño en 2019 esta vez competía en el campo no masista con Creemos, encabezado por Fernando Camacho, muy fuerte en Santa Cruz. Y así se mantuvo. Dado que Santa Cruz tiene un padrón electoral comparable al de La Paz, eso solo ya cambia la ecuación de octubre del año pasado.

La pandemia también tiene su rol en esto. Y está asociada su gestión al gobierno de la sucesión constitucional que encabeza la presidenta Jeanine Áñez. Cuando empezó a extenderse la pandemia en el país ella ya era candidata, contra su propios razonamientos iniciales respecto a no “aprovechar su condición” de cabeza del Ejecutivo. El escándalo del sobreprecio de los respiradores hirió de muerte esa gestión y tardíamente tuvo que resignar participar en la contienda electoral, pero buen daño ya se había hecho y no hubieron bonos, con un nombre u otro que repararan ese déficit. Los otros, los no masistas, también roban, pudieron decir aquellos a quienes esas cosas no les parecen muy relevantes. Total, lo público no es de nadie…

Y la reemergencia de nuestros viejos zombies, los del racismo de un lado y del otro. Y los del regionalismo. Ambos operan para la escisión social y refuerzan las lealtades primarias. Mientras juzguemos a los candidatos y candidatas con esas varas no hay manera de generar mayorías democráticas, aquellas que se configuran en el mundo de las opiniones argumentadas y razonadas, no en el mundo ideal de perfectos académicos sin pasión, sino de hombres y mujeres capaces de plantar cara por su convicciones y reconocer en el otro y la otra impulsos y legitimidad comparable a la propia. Añádase a esto el sentido de precariedad que anuncia la persistencia de la pandemia y sus efectos devastadores en la economía de país y de la gente. Por eso tenemos un ganador, el MAS, que indudablemente es popular, pero no democrático. No es un consuelo, es una conclusión, porque en democracia entra en juego algo más que la aritmética y el espacio público actual no da para mucho más.

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