Es doloroso ver las fotografías de los diferentes animales que perecieron a consecuencia de los incendios forestales en departamentos como Santa Cruz, Chuquisaca, Beni, entre otros. El último caso que conocimos fue del tapir Charito, que luchó por sobrevivir al fuego. En su afán de no caer y morir calcinada, caminó kilómetros sobre las brasas. Como consecuencia de ello, tiene graves quemaduras en sus patas. Posteriormente, voluntarios y funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente hallaron al animal deshidratado, con quemaduras y heridas. Ahora recibe cuidados y tratamiento veterinario para recuperarse en el zoológico municipal de Santa Cruz.

Afortunadamente no corrió la misma suerte del tucán Tuki Tuki, que huyó de las llamas a una zona poblada en el departamento cruceño, donde fue atacado y resultó con el pico partido. Voluntarios lo rescataron y dieron atención veterinaria para curarlo. Pese a que la cirugía salió bien, estaba en proceso de recuperación. El ave no resistió y murió días después.

También se conoció el caso de los cuatro tatúes Marianos, que quedaron huérfanos por el fuego y están bajo cuidado de voluntarios que los alimentan y los devolverán a su habitad.

Seguramente hay muchos casos más que tal vez no llegan a las páginas de noticias de los periódicos, pero urge sancionar drásticamente a las personas que provocan estos incendios y, además, cazan a los animales y los someten a encierros o al tráfico. El trabajo que desarrollan los voluntarios y personal del Gobierno requiere el apoyo de la población para una efectiva protección y preservación de la fauna en el país.

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