Susana Seleme – Politóloga

¿Creerá en nosotros esta Bolivia que de tiempo en tiempo se asemeja al héroe de la tragedia griega? Son tiempos determinados por el destino trágico de personajes, cuyas vidas y obras son un lastre para la democracia, la convivencia entre diferentes y las libertades individuales y colectivas.

La única salvación posible hoy para la democracia boliviana, tras las elecciones del próximo 18 de octubre, es que ni el MAS, partido del cocalero huido y refugiado en Buenos Aires, Evo Morales, ni él vuelvan a gobernar Bolivia.
Son personajes políticos anclados en trágicas prácticas de autoritarismo, dictadura y populismo provenientes del Socialismo del Siglo XXI, de foros que se llamen de Pablo o Puebla, todos tributarios de la izquierda acrítica, similar a la izquierda estalinista, la totalitaria.
También hay voces de corrientes conservadoras cuya mejor definición es la de ‘derecha’, que puede ser cavernícola o moderna: algunas ladran en vez de dialogar.

Hoy los lastres provienen desde Buenos Aires, donde el cocalero fugado —al que le fascinan las niñas de 14 años, como a todo pedófilo— goza del asilo político que le brindan sus pares ideológicos. Habla de su posible retorno al poder, al que renunció tras 14 años de dictadura disfrazada de democracia electorera, con las trampas sistémicas, diseñadas para ganar “toda la vida”. De ahí la sobrerrepresentación territorial y étnica, amén de otras trampas.

Las amenazas colmadas de crispaciones recurrentes con anuncios de “ahora sí, guerra civil” o “retomar el poder desde las calles” llegan, además, en números y datos de las empresas encuestadoras que le dan al candidato del cocalero refugiado en Buenos Aires mayoría de votos. Su candidato es Luis Arce Catacora, su exministro de finanzas, quien manejó la chequera de la bonanza económica de 2006 a 2014, y ambos la despilfarraron sin medida ni clemencia.

Habrá que aclarar que las encuestadoras le dan mayoría simple, que se puede convertir en absoluta, merced a otra trampa gigantesca que impusieron a la sociedad sin anestesia: la alevosa ponderación de los votos nulos y blancos a favor del que hubiese obtenido mayor votación. Los llaman “total votos válidos”. Son las ataduras que dejó el antiguo régimen, aunque tengamos nuevo Tribunal Electoral: quienes votan blanco o nulo, porque no les gusta ningún candidato, terminan favoreciendo al que tiene más votos, sin importar su decisión, ni la pluralidad y representación política de las minorías.

Hay más trampas: el candidato solo necesita 40% para ganar, ya no 50% más 1, y que el segundo más votado, esté a una distancia de 10% o más, por debajo del primero. Si el sucesor de Morales obtiene 33.6 %, según la encuesta de Jubileo (9.X.20, muy similar a la de Ipsos, un día antes) con la ponderación de nulos y blancos sube a 42.9%, pero vamos a segunda vuelta, porque el segundo más votado, Carlos Mesa, obtiene 34.2%. La diferencia es menor a 10%. No obstante, la primera vuelta define la composición de la Asamblea Legislativa con sus respectivas mayorías y minorías. La segunda, al presidente y al vice.

Mal que nos pese, la sociedad política, al margen del MAS, no es que hubiera sido un modelo de diálogo, unidad y cooperación por la democracia. La Bolivia que rechaza el autoritarismo totalitario del ‘Jefazo’ del MAS, que es el 65% o más del universo elector, esperaba alguna nobleza de los candidatos. No pertenecen a partidos políticos, que en la Bolivia actual no los hay. El MAS no es un partido, es un movimiento radical vinculado con la cadena capitalista ilegal coca-cocaína, que sigue a su caudillo y al ‘narco’. Los demás candidatos carecen de estructuras orgánicas partidarias.

Ninguno recuerda que hace 38 años —10 de octubre de 1982— la derrota a las dictaduras militares, tras 18 años de oprobios, fue gracias a un trabajo sostenido de diálogo, debates y acuerdos construidos entre partidos que representaban desde el centro a la izquierda democrática. Fue la Unidad Democrática y Popular (UDP). Como fue años después, el triunfo de ‘Concertación’ en Chile que le dijo NO a la dictadura de Pinochet. Aprendieron que hay otras formas de hacer política para que la democracia sea eficiente y efectiva: inteligencia, diálogos, concertación, acuerdos y debates, no los remedos que tuvimos aquí.

La Bolivia que viene, lejos de la tragedia, aún espera que los políticos llamados demócratas hagan lo que no han hecho hasta ahora: hacer política. ¿Qué es? El debate y el diálogo permanentes sobre y entre los hombres y mujeres que hacen política: las y los políticos, el Estado, sus instituciones y quienes lo constituyen: la ciudadanía con sus necesidades, interrogantes, temores y expectativas.
La Bolivia que viene quiere una sociedad de hombres y mujeres libres. Por esa sociedad vote con la cabeza, por favor, no con las tripas, para evitar el retorno del tirano.

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