El rescate de la bebé Samanta, de tan solo dos meses de nacida, es una de las tareas dignas de destacar y aplaudir de la Policía Boliviana. Cuando parecía que las esperanzas se esfumaban y que el caso iba a quedar como una cifra más de desapariciones de menores en el país, la alerta de dos vecinos, denominados “ángeles” por su colaboración, permitió a los efectivos del orden actuar con cautela, precisión y profesionalismo para hallar y llevar de vuelta a la pequeña con sus afligidos padres.

Hace casi un mes la raptora se ganó la confianza de la mamá de Samanta, en la plaza Villarroel de la capital paceña. Luego, con engaños, la envió por un medicamento a una farmacia, mientras se quedó con la bebé y se dio a la fuga. Desde ese momento comenzó el calvario de la familia, que en ningún momento perdió la esperanza de encontrar a la menor.

Pese a que los investigadores se encontraron en un callejón sin salida en un momento determinado de la investigación, perseveraron y los resultados llegaron de forma inesperada. Una vez conocida que la menor fue recuperada con vida por los uniformados, la alegría de los padres se fue contagiando al resto de la población boliviana que siguió la escena mediante la televisión.

Una lección que podemos sacar de este caso es que la colaboración de la población más el trabajo de la Policía puede ser de mucha utilidad para resolver un sinfín de casos de inseguridad ciudadana que día a día conocemos por las noticias.

linkedin