Francisco Pineda Zamorano (*)
En una campana de Gauss se entiende “llegar al pico” cuando se alcanza el tope máximo de subida y se inicia el ritmo de bajada que se cerrará con la vuelta a la normalidad. Desde el pico hacia abajo el dibujo puede resultar totalmente simétrico (dibujando así una campana perfecta) o puede presentar en su descenso algunos “dientes de sierra” (subidas y bajadas) aunque la tendencia hacia la baja sea nítida (descenso asimétrico).

La situación de la pandemia del Coronavirus en España en estos momentos, 29 de marzo, está muy cerca de llegar a ese “Pico”, desconociendo si el descenso se producirá de forma simétrica o asimétrica. Dicho esto, los datos al momento de escribir este artículo son espeluznantes: el número de personas contagiadas asciende a 78.797, fallecidas 6.528, ingresadas en hospitales 48.000, de ellas en cuidados intensivos 4.907 y el número de personas curadas asciende a 14.709. Como pueden deducir, muy lejos aún de dar por controlada la epidemia.

El actual colapso en los hospitales irá a peor, teniendo en cuenta que cuando se inicie el descenso del pico contaremos con los enfermos de los 14 días anteriores sumando las nuevas incorporaciones de afectados. Como medida de prevención se han habilitado pabellones instalando hospitales de campaña para acoger a miles de personas. Asimismo, muchos hoteles se han convertido en lugares de tratamiento de las personas menos graves con la asistencia médica necesaria.

El gran número de víctimas mortales nos ha dejado una imagen desoladora. Las compañías funerarias (sobre todo en Madrid), no son suficientes para proceder a los entierros o cremaciones. Se ha habilitado el cerrado Palacio del Hielo de la capital como una morgue gigantesca, donde se depositan los féretros como en una lista de espera para proceder a su final. Donde se practicaba patinaje y hockey sobre hielo en mas de 1.800 metros cuadrados durante todo el año, ahora se colocan en fila los ataúdes de las personas fallecidas.

La otra imagen amarga viene de las residencias de personas mayores, donde se están produciendo centenares de muertes. El ejército ha entrado a desinfectar y asume la misión de trasladar los cadáveres. Las personas de cuidados de estas residencias ya no pueden mas. Muchas de ellas se quedaron confinadas para acompañar a los residentes, llevan semanas sin ver a sus familiares y sus medios son insuficientes.

Es muy preocupante el alto número de contagios entre el personal sanitario, unos 8.000, que van siendo sustituidos de forma rápida sin impedir por ello el cansancio manifiesto que ya hace mella en los verdaderos héroes de esta crisis. Falta de todo: desde guantes a mascarillas, desde equipos de oxígeno a trajes de protección. En los mercados internacionales se ha abierto una demanda gigantesca por todos los países y cada día se hace más difícil obtener lo necesario. Los piratas del mercadeo comienzan a funcionar. Afortunadamente, muchos españoles están fabricando mascarillas en casa o porque su empresa reconvirtió su actividad y otros están improvisando respiradores artesanales con la ayuda de universidades, ingenieros y las fotocopiadoras 3D.

Por su parte el Gobierno ha anunciado que se paralizan todas las actividades económicas del país que no sean imprescindibles, al objeto de reducir al mínimo las opciones de contagio. Cientos de miles de industrias y pequeños negocios cerrados. Más de 2 millones de personas sin trabajo hasta que se pueda retomar la actividad. Pero eso son los daños colaterales de los que hablaremos en próximos artículos. Ahora lo importante, lo realmente importante, es salvar vidas al precio que sea.
(*) Experto en Relaciones Internacionales y Cooperación

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