Francisco Pineda Zamorano (*)
En el momento en que escribo este artículo las personas contagiadas en España ascienden a 25.000, las fallecidas son 1.400 y las dadas de alta son 2.300, permaneciendo en UCI más de 1.700 personas. Estos datos, sin embargo, no sirven para nada pues cada día los mismos se multiplican exponencialmente.

Como saben, desde el pasado sábado 14 de marzo, los españoles estamos sometidos al Estado de Alarma proclamado por el Gobierno por Real Decreto. Esta situación podría prorrogarse por 15 días para lo que hará falta la aprobación de tal medida por el Congreso.

Quisiera trasladarles la situación que estamos viviendo y las lecciones aprehendidas para ponerlas en valor rogándoles consideren estas letras como un llamado a la cordura y al compromiso de toda la humanidad.

Estamos confinados en nuestros domicilios, ya por una semana, con los movimientos restringidos a compras de alimentos (solo una persona), asistencia al trabajo (aunque la mayor parte lo hace en teletrabajo o cerrando empresas), todos los comercios cerrados excepto los de alimentación y farmacias, los centros educativos cerrados desde 0 años a la Universidad y todo parece apuntar a que así estaremos hasta mediados de abril.

La ciudadanía española hemos asumido que estamos en una situación muy parecida al Estado de Guerra. En este caso el enemigo es el corona virus COVID-19, un enemigo invisible, terriblemente contagioso y muy letal. A falta de vacuna específica por el momento la única opción efectiva es combatir el contagio entre personas, por lo que el aislamiento es clave, además de las medidas conocidas preventivas de tos, estornudos y lavarse muy bien las manos y cara de forma permanente.

Si le ponemos freno a la expansión de contagios estaremos consiguiendo no colapsar nuestro estupendo sistema de salud y reducir el número de afectados y, por ende, su letalidad. Estamos muy lejos aún de llegar al pico de infección, entendiendo que una vez lleguemos al mismo (cuando se comience a descender) tardaremos no menos de dos meses en situarnos en línea de normalidad.

Puedo decirles que una vez más la realidad supera a la ficción. Esto parece una película: calles vacías de gente, todos los comercios cerrados excepto los señalados, escasísimos vehículos circulando, hospitales trabajando en jornadas agotadoras, policía y ejército en la calle velando por el cumplimiento de las medidas del Estado de Alarma. Un silencio casi sepulcral que sólo se rompe a las 20’00 horas de cada tarde saliendo al balcón, terraza o ventana para aplaudir a nuestro personal sanitario que está en primera línea del frente de batalla. Muy emocionante desde todas las viviendas aplaudiendo unos minutos que nos hacen cómplices en la batalla, que nos anima a continuar adelante, que nos ayuda a sonreír mientras se nos escapa alguna lágrima emotiva.

Nuestro número de bajas va a ser mucho mayor, nuestros contagiados también y lo sabemos. Luchamos desesperadamente con el convencimiento unido de que vamos a vencer a este enemigo común. Ya son 174 países los infectados y somos conscientes de que no todos cuentan con un sistema de salud pública como el nuestro. Las proporciones de fallecimientos y contagios no son ni siquiera imaginables.

Quisiera trasladarles un mensaje de compromiso individual que sólo servirá si se convierte en colectivo. Ahora somos las personas y la comunidad las que debemos asumir nuestra responsabilidad de cara a parar la propagación. Tómense en serio el asunto, mas allá de las bromas iniciales, esto debe ser una Guerra Mundial contra el virus letal. Al mismo tiempo, el convencimiento de que vamos a superar esta adversidad y que todos los sacrificios que hagamos ahora servirán para volver más fuertes y con mayores ganas por vivir.
(*) Experto en Relaciones internacionales y Cooperación

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