A partir de este jueves regirá en todo el territorio nacional el período conocido como “silencio electoral”. Ningún candidato podrá hacer campaña ni pedir el voto desde ese día y el ciudadano deberá concentrarse en la decisión que asumirá el domingo frente a la papeleta de sufragio. Se espera que sea un tiempo de reflexión sin ruidos ni protestas.

El ciudadano, que es protagonista de esta historia, está llamado a elegir de entre las ofertas de unos y otros. Debe fijar una postura para un futuro complejo y desafiante a la vez. El país ha superado muchas crisis y se sobrepuso al autoritarismo con unidad. Por eso, es importante que la democracia prevalezca por encima de los intereses corporativos que siembran temor con bloqueos y violencia criminal. El país no debe acudir con miedo a votar.

El otro gran actor de este proceso es el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Su credibilidad, devastada en 2019 por el interés de Evo Morales de perpetuarse en el poder, está siendo reconstruida con un inédito esfuerzo. La posibilidad de un “fraude”, que incluya la manipulación dolosa de los votos, prácticamente no existe a pesar de la retórica empleada por algunos medios de comunicación y actores políticos que se esfuerzan para reposicionar al partido que estuvo 14 años en el poder.

El TSE tendrá, dentro de unas pocas horas más, la responsabilidad de custodiar y cuidar de todos los asuntos inherentes al desarrollo de las elecciones. No pasará como en 2019 que las boletas de sufragio de miles de ciudadanos acaben en domicilios particulares o echados a la basura. Las fuerzas del orden deben ponerse a disposición del Órgano Electoral para realizar sus tareas de control y, como es la tradición de Bolivia, la jornada será pacífica y ejemplar.

Así las cosas, la elección de este domingo será una de las más observadas de la historia reciente. Unas cinco misiones internacionales de observación electoral ya están en el país para validar el proceso. En 2019, la Organización de Estados Americanos (OEA) no pudo validar el proceso por efecto de las dudas que dejó, en un primer momento, la interrupción de transmisión rápida de votos y posteriormente las graves anomalías que llevaron al propio Evo Morales a anular las elecciones para llamar a otras, pero con otros vocales electorales.

Si bien el elector está al tanto de los desafíos políticos y democráticos que implican los comicios de este domingo, también es necesario que los candidatos transparenten sus ofertas respecto a los desafíos para la economía. Le queda poco tiempo a la campaña y los aspirantes a la presidencia deben saber optimizarlo de la mejor manera.

El mundo está en crisis y los organismos internacionales anticipan una recesión que puede empeorar las condiciones de pobreza de miles de personas en todo el mundo. En el caso de Bolivia, la unidad frente a tanta adversidad será un factor que debe superar la actual rivalidad política y regional. Los desafíos no son menores y el ciudadano debe estar al tanto de estos.

Pero también resulta importante destacar el papel que jugó el periódico estatal Bolivia. La separata Paz para decidir mostró las ofertas electorales de todos los contendientes sin alusiones, con objetivad. Demostró la importancia de los medios del Estado del país, aunque el camino es aún largo para que tanto este medio cono otros sean verdaderas herramientas para construir una nueva sociedad mucho más democrática y unida.

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