Además de los importantes desafíos económicos, la agenda política del nuevo gobierno deberá tomar en consideración problemáticas ambientales de vital importancia. De no ser adecuada y oportunamente abordada, esta crisis ambiental no hará más que empeorar. Es importante tomar en cuenta que los temas ambientales, a pesar de ser aparentemente irrelevantes para ciertas personas, pueden generar devastadoras consecuencias que además de verse reflejadas en una biodiversidad disminuida o paisajes dañados, ocasionan pérdidas económicas colosales en términos de gestión de riesgos, atención de emergencias, subsidio de recursos para sectores afectados, entre otros.

A escala global, existen importantes desafíos ambientales en los que nos vemos involucrados, cuyas causas y consecuencias trascienden a las fronteras nacionales, como el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, esto no significa que los bolivianos estemos exentos de responsabilidades o inmunes a sus efectos, por lo que siempre se deben abordar las distintas estrategias económicas y ambientales hacia una mitigación de estas problemáticas mundiales, como indican los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

A nivel nacional, está claro que los incendios representan el principal problema ambiental. Esto, mas que simples cifras de superficie incinerada, representa la muerte de innumerables especies, tanto animales como vegetales; a su vez, esto interrumpe la red trófica y el control biológico de muchas especies, por lo que el surgimiento de nuevas plagas y enfermedades es cada vez más común. No obstante, el efecto más devastador radica en la alteración de importantes procesos ecosistémicos, como la retención de agua, el ciclado de nutrientes y la absorción de carbono atmosférico. Lo peligroso de esto es que se estimula un circulo vicioso en el que las selvas pierden sus propiedades intrínsecas, convirtiéndose en sabanas más secas, con suelos más pobres y menos especies; y al mismo tiempo, haciéndose cada año más propensas a los incendios.

En cuanto a los ecosistemas acuáticos, el envenenamiento de los ríos con mercurio, como resultado de la actividad minera informal, es una problemática sin precedentes y cuyas consecuencias se empiezan a ver cada vez más. Existe abundante evidencia científica que demuestra el efecto cancerígeno y letal de este metal pesado en cualquier organismo que lo ingiera. Lamentablemente, este veneno se acumula cada vez más a lo largo de la cadena alimenticia, por lo que se encuentra presente en todas las poblaciones de peces y por lo tanto de los humanos cuya fuente proteica principal se sustente en la pesca de cualquier parte del país, ya que la minería se encuentra distribuida por todas las cuencas hidrográficas del país.

Es importante darse cuenta que tanto los incendios, resultado de la descontrolada expansión de la frontera agrícola, como el mercurio en los ríos generado por las concesiones mineras informales, ocurren debido a una laxa tolerancia de las autoridades y una nula auditoría y gestión ambiental por parte de estos sectores económicos. Como bolivianos que valoramos nuestros recursos ambientales y diversidad biológica, no debemos permitir que, con la excusa de una crisis económica, se siga permitiendo el destrozo y envenenamiento de nuestros ecosistemas en beneficio de pocos y en detrimento de muchos. Por esto, es imperativo que el nuevo gobierno genere estrategias alternativas para rescatar la economía sin comprometer la calidad de vida de las futuras generaciones no solamente humanas, sino de todas las especies que formamos partes de este pedazo de planeta.

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