Franklin E. Alcaraz Del. C.

Mientras los cocaleros viven horas amargas a la espera de su futuro, extrañando entre lágrimas, sudor y tragos al Jefazo que les puso casi todo lo que pidieron, que les perdonó invasiones a parques nacionales, que les proyectó caminos de comercialización de la coca, que gastó la plata del resto de los bolivianos en edificar un costoso aeropuerto inútil para menesteres lícitos, que les construyó coliseos, canchitas de salud (¡Oh! Disculpas pido, quise decir de fútbol), que fomentó su ignorancia estimulando el adoctrinamiento (creo que es mejor decir fanatismo ciego, porque de doctrina los cocaleros tampoco parecen entender), que les perdonó crímenes como si fueran impuestos (eso también), que les regaló tierras y “catos” para que los mandamases de los sindicatos (llamadas federaciones) las distribuyan a base de prebendas y chantajes a sus propios compañeros que muchas veces tuvieron que ocultar su rabia y su impotencia ante los requerimientos de sus jefes y el Jefazo que además tenía “antojos” non sanctos…

No es poco por lo que los cocaleros no pueden conciliar el sueño. ¿Qué será de ellos ahora? ¿Qué será si gana Mesa? El Jefazo amplió la superficie cultivada de coca, incrementó el número de cocaleros registrados (ya nos ocuparemos de eso en otra columna) y ¿fue su aporte la mejora del rendimiento de conversión de hoja de coca a clorhidrato de cocaína? Porque la “Operación Breakthrough” de la DEA, en 2003, encontró que el rendimiento del proceso era de apenas 45 %; y el 2009, la misma DEA se asombró que este proceso ya tenía 70% de eficiencia porque se utilizaba el “método colombiano”. Es probable, sin embargo, que, de entonces a hoy, la eficiencia del proceso de conversión de la hoja de coca a cocaína haya subido todavía más. Hasta antes del Jefazo, se utilizaban 370 kg de coca chapareña o 315 yungueña para producir 1 kg de clorhidrato de cocaína y después bastaban con 256 kg de coca chapareña y 244 kg de coca yungueña para producir la misma cantidad de clorhidrato… y los “drogaleros” siguen “progresando”…

Y veamos otro dato llamativo: si asumiéramos que toda la coca producida en Bolivia fuera comercializada de manera lícita (cosa impensable), de acuerdo con la UNODC, su impacto en el PIB sería de 1,1 a 1,3 % (con un PIB de 40.601 millones de dólares), pero toda la hoja de coca producida no es comercializada lícitamente y la coca ilícita cuesta más, por supuesto. Es más: nadie sabe cuánto de la coca “comercializada lícitamente” va al narcotráfico. Esa cifra no la podemos calcular, simplemente porque no la conocemos. Eso, sumado al desvío ilícito mismo de la “comercialización”, solo de la hoja de coca, incrementa el impacto en el PIB nacional. Pero la hoja de coca no se queda en “hoja de coca”, sino que se convierte en cocaína, la razón de su existencia, la razón de su sacrosanta existencia según algunos o de su profana sobrevivencia según otros.

Hagamos entonces un ejercicio un poco simple. Con los datos oficiales del gobierno del Jefazo difundidos por la UNODC, el potencial de producción de cocaína del país, hasta 2019, era de 250 mil kg/año (para hablar en cifras redondas). Ahora tal vez esa cifra es mayor, pero bueno, según la FELCN, 1 kg de clorhidrato en el país cuesta 3.000 dolaricos (en Europa ese mismo Kg ya cuesta 40 mil). Si el potencial de producción de cocaína es de 250 mil kg/año, y si cada kg cuesta 3.000 dólares, la producción potencial (ojo, estoy diciendo potencial) generaría 747.000.000 de dólares/año. El impacto de esa cantidad de dinero en el PIB nacional sería de casi 3%. Si a esta cifra le sumamos lo encontrado en lo referente a la producción de hoja de coca, estamos hablando de un impacto de alrededor del 4% de la economía del complejo coca/cocaína en el PIB nacional, o tal vez más, porque no hay que olvidar que el PIB va bajando con la crisis provocada por el coronavirus y por el desastre que nos dejó el anterior gobierno.

Entonces el impacto probablemente también sería mayor, porque este cálculo grueso, no muy científico, está hecho con cifras oficiales del gobierno del Jefazo. Y todos sabemos que al Jefazo le gustaba encargar “trabajos hechos a medida”. El legado del gobierno anterior todavía está vigente. Veremos qué hace el próximo. No será fácil. Mientras tanto, cocaleros, procuren dormir bien.

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