Algunos de los vehículos indocumentados que incautaron los efectivos militares. Foto: Archivo

Bolivia Digital

Los delincuentes que se dedican a pasar vehículos indocumentados (chutos) desde Chile a Bolivia han modificado su forma de operar en procura de burlar los controles militares, es así que ahora contratan a jóvenes bolivianos, de 12 a 15 años, para que puedan conducir los carros.
Estos jóvenes son reclutados por las organizaciones criminales en regiones del norte de Potosí como Uncía, San Pedro y Llallagua, aunque también hay otros adolescentes que se contactan con los «chuteros» para ofrecer sus servicios como choferes y se trasladan hasta la frontera.
El viceministro de Lucha Contra el Contrabando, Gonzalo Rodríguez, detalló al periódico Bolivia que estos clanes delictivos se aprovechan de la pobreza que hay en el norte de Potosí y mínimamente pagan 100 dólares a estos jóvenes por cada motorizado que pueden ingresar al país sin que les importe que puedan ser detenidos o sufran un accidente al conducir a altas velocidades para evitar su captura.
En muchos casos son los mismos padres quienes alientan a sus hijos a dedicarse a este ilícito para que puedan ganar dinero extra, según ellos, de manera fácil a pesar de los riesgos.

El aprendizaje


En la mayoría de las regiones del norte potosino los pobladores tienen autos indocumentados para realizar sus labores agrícolas, es así que desde temprana edad los habitantes aprenden a conducir.
“Antes se trasladaban o transportaban sus productos en burros, mulas, caballos, bicicletas y motocicletas, pero ahora lo hacen en estos motorizados. La conducción de carros es una necesidad que tienen y es esta destreza que la aplican en la delincuencia”, dijo el viceministro.

Alcohol y adrenalina

Una vez que los muchachos llegan a un acuerdo para ingresar a Bolivia con los motorizados indocumentados, los contrabandistas les hacen consumir bebidas alcohólicas para que pierdan el miedo e incluso les hacen ver cualquiera de las películas de la exitosa zaga de Rápidos y Furiosos a fin de hacerles sentir como dichos personajes.
Unos a otros se alientan como lo hacen los deportistas antes de enfrentar a sus rivales, y emprenden el viaje de aproximadamente 350 kilómetros que separa la región chilena de Panavinto de Challapata (Oruro).


Los operativos


“La región de Panavinto (en Chile) es usada como base desde donde parten los autos chutos, y una vez que se acumulan al menos 40, ingresan a toda velocidad hacia Bolivia mientras que nuestros militares los están esperando en sitios estratégicos para capturarlos, entonces no tenemos necesidad de ingresar a Chile, como dicen algunas autoridades del país vecino, porque son ellos los que tienen la urgencia de ingresar a nuestro país”, remarcó Rodríguez.
Para garantizar el éxito del operativo los contrabandistas establecen una estructura con una comunicación constante vía teléfonos satelitales, una avanzada con loros (grupos de avanzada) mientras otro grupo los escolta con armas de fuego para enfrentar a los militares.
Ya en el Salar de Coipasa, cada vehículo se dispersa y usa el camino que más le convenga a fin de desagrupar a los uniformados.
“Esta es una forma de operar diferente a la tradicional, porque es como si un gato persiguiera a un grupo de ratones. Acá ya nuestro personal despliega toda su capacidad”, detalló.

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