Paula dirige el negocio familiar que sus padres iniciaron en 1942. Foto: Carlos Barrios / Bolivia

Juan Pablo Garcia / Bolivia

Un rojo intenso y el delicioso aroma de canela son los toques característicos de los exquisitos helados que las caseras ofrecen en la zona del Cementerio.

“Mis papás fueron los primeros vendedores de la zona. Empezaron en 1942 y hasta hoy el negocio no para, quedamos los hijos”, cuenta Paula Quisbert López, una de las vendedoras del famoso helado de canela.

Este sabor refrescante, según los paladares conocedores, debe ir acompañado de las empanadas de queso, que también son
preparadas por las caseras.

Redacción central / Juan Pablo Garcia “Los heladitos sí o sí tienen que ir con su empanadita. Esa combinación es la clave”, afirma un cliente que degusta estos sabores, sentado en una banca a la luz del sol.

Paula se entusiasma porque asegura que, luego de una escasa venta debido a la cuarentena por el coronavirus, el negocio se levanta otra vez y los clientes vuelven de a poco.

“La clientela ya está regresando, y no solo por los helados de canela, también por los de maracuyá, chirimoya, mango, bicervecina y leche”, dice Paula e invita a los paceños a tomarse un “helado de cinco bolivianitos o a llevarse un balde enterito”.

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