Jorge Alberto Amantegui (*)

Bolivia no puede aislarse. Somos parte de una región en la que los países que la integran han desarrollado su agricultura, transformándose en potencias en la producción y exportación de productos agropecuarios. Para ello, vienen utilizando desde hace muchos años la biotecnología, que les han permitido mejorar las semillas y los cultivos. En ese contexto, Bolivia no está en las mismas condiciones para competir en un mercado globalizado, que cada vez necesita más producción de alimentos.

La opción de incorporar semillas mejoradas y nuevas herramientas tecnológicas se transforma en una oportunidad para aumentar la producción nacional, para salir de la crisis económica actual, lograr un desarrollo integral del país y, en definitiva, conseguir el bienestar de todos los bolivianos.

En la última década Bolivia tuvo una dependencia económica muy fuerte de las exportaciones tradicionales de hidrocarburos, especialmente el gas, y de los minerales, pero ahora estos productos han disminuido sustancialmente los ingresos para el Estado Nacional. A eso se suma la afectación por la crisis económica mundial producida por la pandemia del COVID 19, que profundizó las dificultades financieras del país.

En las actuales circunstancias, las agro-exportaciones de productos con valor agregado se convierten en la alternativa más viable para reactivar la economía nacional y en ese contexto, el sector agroindustrial oleaginoso es un pilar fundamental para ello.

 El sector agropecuario nacional y las industrias procesadoras de granos son parte de un clúster, que es necesario para generar los ingresos por exportaciones que nuestro país necesita para salir adelante; para que ello se genere, es necesario que crezca la producción de granos en el país, pasando de un rendimiento de 2.2 toneladas métricas por hectáreas a rendimientos de 3.5 toneladas, equiparando el nivel de nuestros vecinos Brasil, Argentina y Paraguay. Este último país, que hace menos de 20 años tenía la misma producción que Bolivia y hoy produce tres veces más que nosotros.

Podemos aumentar la productividad del sector agropecuario a niveles internacionales sin necesidad de incrementar nuevas áreas para la agricultura, sino incorporando nuevas herramientas tecnológicas, incluida la biotecnología.

Hoy la agroindustria nacional, operando al 60 % de su capacidad por la falta de materia prima, abastece el mercado interno con subproductos derivados de la soya, que se transforman en proteínas para alimentos básicos como los lácteos, carnes de res, pollos, cerdos y los excedentes se exportan, dando ingresos al Estado por alrededor de 1.000 millones de dólares.

Si aumentamos el rendimiento en la producción de granos al nivel de los países antes mencionados, incrementaremos las exportaciones en un 50 %; es decir, sólo en soya serían aproximadamente 500 millones de dólares más de ingresos, que ayudarán a mejorar la economía del país y permitirán que Bolivia se posesione en el ámbito internacional como un país agroexportador con valor agregado.

Además, el incremento en los rendimientos de la producción de granos repercutirá en mejoras financieras para toda la cadena productiva: para los productores primarios, el sector industrial, el transporte y la logística, entre otros; lo que a su vez redituará en mayores ingresos por divisas e impuestos para el Estado, beneficiando a la población con mayor cantidad de empleos en todos los rubros de la cadena y asegurando la seguridad alimentaria nacional.

(*) Presidente de la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob)

linkedin