Encendieron velas en el mural en honor a sus muertos. Foto: Diego Valero

Karem Mendoza G.

Fueron perseguidos por sus propios vecinos, discriminados y maltratados en los hospitales. Los heridos de las masacres de Senkata y La Paz aparecieron después de un año para denunciar las marcas que les dejaron las represiones militares y policiales en noviembre de 2019 y que durante el gobierno golpista no pudieron confesar. 

Son seis mujeres, dos menores de edad, dos adultos mayores y 24 jóvenes que sufrieron heridas de bala. Aunque en las últimas semanas 15 nuevas personas se afiliaron a la Asociación de víctimas de El Alto, luego de enfrentar acoso. 

Es el caso de un adulto mayor, de 72 años de edad, que por la presión y el constante asedio —ejercido por sus vecinos y el gobierno de facto— escapó a su pueblo con heridas en el cuerpo y falleció por la falta de atención médica. 

“Un compañero estaba en la lista de los heridos de la zona Sur, pero por esta presión y humillación, incluso la persecución de los vecinos, tuvo que escapar. Huyó a su pueblo con dos balines y una bala en el cuerpo y en julio nos informaron que falleció. Era una persona de la tercera edad”, relató la presidenta de los heridos de la urbe alteña, Marisol Rodríguez. 

La dirigente y esposa de una de los víctimas contó que sus compañeros sufrieron humillación durante la atención médica. “El maltrato no solo fue físico, sino psicológico”. Detalló que les echaron alcohol a las heridas abiertas e incluso algunos, por miedo a las agresiones en los hospitales, prefirieron sacarse las balas por su cuenta y ahora no cuentan con informes médicos para respaldar el daño.

Madres y esposas recordaron un año de la muerte de sus familiares. Fotos: Diego Valero.

 “Hemos vivido una gran discriminación. Nos decían que la wiphala es como el pañuelo con el que se limpian y lo botan, que por eso nos hacemos un lío. Para todos los médicos y enfermeras, nosotros éramos masistas y que por Bs 50 recibimos esas heridas, incluso a una de las compañeras la acusaron de robo”, repudió 

Rodríguez también escuchó a su esposo pedir auxilio durante tres horas en la sala de operaciones. “Cúrenme o mátenme, ya no aguanto el dolor”, exhortaba su familiar herido del brazo derecho. 

“Todo esto lo causó el señor Arturo Murillo con su intimidación, constate vigilancia y acoso. Tengo una rabia e impotencia de no haberme podido defender en su momento. No lo hice porque tenía miedo de que los mismos doctores se desquiten con mi esposo”, recordó. 

La presidenta de los heridos manifestó que persistirá en su lucha y se mantendrá firme hasta lograr el juicio de responsabilidades contra la expresidenta Jeanine Añez y los exministros que aprobaron el uso de armas. 

“Quiero que estas personas, policías, militares, ministros y la señora Añez —por un sentido de justicia— sean enjuiciados para que todo no esto no vuelva a ocurrir”, sentenció.

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