Felipe Frydaman – Economista argentino

La aprobación por el Parlamento Europeo del informe sobre política comercial que incluyó en su párrafo 36 el agregado “…subraya que no se puede ratificar el acuerdo entre la UE y el Mercosur en su estado actual” fue celebrado por las organizaciones agrícolas y ambientales que han tenido una insistente prédica contra las concesiones otorgadas para las importaciones de productos agrícolas. El informe menciona también la importancia del comercio internacional para la Unión Europea, elogia una diversidad de acuerdos y efectúa un llamado para reforzar las relaciones comerciales con Estados Unidos y China a pesar de señalar su “consternación” por la situación de los derechos humanos.

La enmienda, que no es vinculante para la Comisión, fue presentada por el Grupo de Parlamentarios Renovar, identificados con el presidente francés, Emmanuel Macron. El texto original expresaba la contrariedad con la política ambiental de Jair Bolsonaro como continuidad de la disputa entre ambos líderes sobre la deforestación de la Amazonía. Este tema es recurrente en los discursos de Macron para resaltar su preocupación por el cambio climático. Incluso en el Parlamento Europeo se mencionó que el incremento del área dedicada a la producción de aceite de palma, soja, maíz, colza, azúcar y carne son los principales contribuyentes de la reducción de los bosques en América del Sur y el sudeste asiático.

Esta posición también quedó reflejada en la exposición del comisionado Valdis Dombrovskis ante el Parlamento con motivo de asumir la cartera de comercio. El Comisionado expresó que “comercio es más que comercio”, comprometiéndose a implementar una política comercial sustentable que incluye el Acuerdo con el Mercosur respecto del cual “se debe encontrar una solución duradera a la región del Amazonía antes de la ratificación”. En la misma presentación, el funcionario aseguró que la adhesión al Acuerdo de París constituirá un elemento esencial y que trabajará para que la Comisión pueda evaluar el impacto y fortalecer las cláusulas sobre la biodiversidad.

La representación francesa en el Parlamento obtuvo una significativa victoria al enmascarar la protección de sus intereses agrícolas con los riesgos de una mayor deforestación como consecuencia de una expansión potencial de la producción en el Mercosur. La insistencia de combinar temas que se manejan en ámbitos diferentes corre el riesgo de crear perturbaciones que impedirían no sólo las posibilidades de restablecer las reglas multilaterales de comercio mediante la reforma de la OMC sino también definir el alcance de esas propuestas que no necesariamente podrían limitarse a la producción agrícola de los países en desarrollo.

La Unión Europea ocupa el tercer puesto después de los Estados Unidos y China como emisor de gases de efecto invernadero seguido por Rusia y Japón a pesar de haberse comprometido en 2014 a una reducción del 40% hasta 2030 y clima-neutro para 2050. Los cinco países mencionados son responsables del 60% de las emisiones globales mientras el Mercosur lo es sólo del 2%. La demora de la Unión Europea en encarar una verdadera reforma provocó pérdida de biodiversidad, calidad del agua y aumento de la temperatura, lo que quizás explique ahora su necesidad de sobreactuar. El sector energético, que alimenta a la siderurgia y petroquímica proveedores de la industria automotriz y armamentista de Francia, es responsable del 80% de la emisión de estos gases.

La insistencia de la Unión Europea en utilizar el cambio climático para proteger sus intereses agrícolas a los cuales subsidia con 80.000 millones de dólares y erigirse en juez de la humanidad puede fomentar también la demanda de resguardar a la industria en países de menor desarrollo relativo. Francia está reflotando la vieja posición de proteger los intereses en sectores donde no es competitivo mientras impulsa los acuerdos comerciales para abrir mercados para sus industrias. La reticencia en efectuar los cambios necesarios en su estructura económica a fin de aumentar la productividad es parte de la explicación de su atraso y de los problemas sociales que agitan a ese país.
El Acuerdo UE-Mercosur representa una oportunidad de crear un “mercado abierto mutuamente beneficioso para 800 millones de ciudadanos”, como dice el mismo punto 36 del informe. La insistencia en erigirse en patrón podrá satisfacer las apetencias electorales pero difícilmente ayude a aunar voluntades para construir un futuro de cooperación consensuado y coadyuvar los esfuerzos para afrontar las graves consecuencias sociales de la actual depresión creada por la propagación del COVID-19.

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