En 2018, “a una Argentina en absoluto default, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le otorgó un crédito de (más de) 55.000 millones de dólares, el más alto de su historia”, manifestó el presidente del vecino país, Alberto Fernández, en el momento de anunciar una querella criminal contra las autoridades del gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) por la deuda que adquirió esa administración con el organismo multilateral.

Del monto contratado “se desembolsaron 44.000 millones de dólares que sólo se usaron para facilitar la salida de capitales especulativos con la absoluta anuencia de las autoridades de entonces”, afirmó la autoridad luego de recriminar a ambas partes por la suscripción de ese acuerdo irregular. Además señaló que es voluntad terminante e imperiosa afirmar el compromiso de no permitir nunca más que se genere un endeudamiento asfixiante a partir de la toma de créditos irresponsables.

En octubre de 2020 se filtró un documento del organismo: El préstamo millonario e inédito de la gestión de Christine Lagarde (exdirectora general del FMI) al gobierno de Cambiemos fue un error serio, con fuerte perjuicio para el país y doble responsabilidad, del prestamista y del tomador. “Debimos avisar con mayor ahínco sobre los riesgos”, fue la autocrítica que hizo el Fondo en el Reporte 2020, donde incluyó recomendaciones sobre los flujos de capitales (…), refiere una nota del periódico Pagina 12 (28.10.20)

“La experiencia argentina reciente de un desmantelamiento rápido de controles, antes de que haya un escenario macroeconómico estable, terminó en una crisis seria y proveyó un contraejemplo que resalta los riesgos”, agrega el documento.

En 2018, el gobierno de Macri recurrió a un préstamo inédito en la historia del FMI: 57 mil millones de dólares, que no fueron definidos por el Staff del organismo sino por una estrategia regional de Estados Unidos para sostener un eje de gobiernos de centro derecha en la región, reza una parte de la nota publicada por el diario argentino.

Al respecto, Fernández, en la fundamentación de la querella, hizo una revisión de los antecedes y el contexto en que se concretó el empréstito. “Sabemos que ese crédito fue otorgado para favorecer la campaña presidencial de Mauricio Macri. Eso fue una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”, manifestó.

La querella está ampliamente fundamentada y el Primer Mandatario fue bastante explícito en su alocución. “Endeudar al país de ese modo, permitir que los recursos que ingresaron sólo hayan posibilitado la más asombrosa fuga de divisas que nuestra historia registra y que la toma de semejantes créditos haya sido resuelta entre gallos y medianoche, sin intervenciones judiciales y técnicas previas con total irresponsabilidad y a espaldas de este Congreso nacional, no puede ser visto de otro modo que no sea una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”, dijo.

“En todos los casos, las mismas víctimas: argentinas y argentinos expulsados a la miseria”, destacó el Presidente.

La crítica no se detuvo ahí y el FMI también llevó más palo. “La inquietud parece ser también del Fondo”. En ese contexto, consideró que el acuerdo firmado por el macrismo en 2018 merece una “revisión y tratamiento adecuado a la hora de su renegociación”. “Tanta mala fe de los tomadores del crédito y tanto desdén de los funcionarios políticos de un organismo multilateral no puede ser visto como un caso más”, según frases que resaltan los periódicos digitales y agencias internacionales.

En su alocución final, el Jefe de Estado informó que las negociaciones con el FMI seguirán adelante y un eventual acuerdo se tramitará en el marco del respeto a las instancias establecidas por ley como es el Congreso Nacional. Otra vez, como en Bolivia y otros países donde el organismo toma el control de la economía, el daño que causa con sus políticas es irreparable.

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